EL ROMANCERO

Los romances viejos son poemas anónimos, octosilábicos, normalmente épicos, cuyos versos pares riman en asonancia y quedan sueltos los impares.

Los juglares cantaban estos romances y, después, a partir del siglo XIV, fueron cantados por las gentes del pueblo. Se enriquecieron durante el siglo XV y todavía en el siglo XX se han recogido romances en diversos lugares de España y de la América Hispana y entre los judíos sefardíes. Muchos de estos romances viejos se han conservado en la tradición oral; es decir, transmitido de padres a hijos.

El origen del romance ha sido muy discutido. Según Menéndez Pidal, tuvo su origen en la segunda mitad del siglo XIII. Derivaban de los Cantares de Gestas, por la fragmentación de estos en episodios o escenas con valor independiente. Entre los ciclos temáticos del romance tradicional o histórico destacan D. Rodrigo y la pérdida de España, Bernardo del Carpio, Fernán González, etc.

Hacia la segunda mitad del siglo XV, el romance se puso de moda en los medios cortesanos y los juglares abordaron nuevos temas (novelesco, bretones, etc.) Especial importancia tienen entonces los llamados romances "fronterizos", que cuentan incidentes de la guerra de Granada entre moros y cristianos.

Otros investigadores actuales sostienen una tesis individualista en cuanto a los orígenes del romancero. Los romances no proceden de Cantares de Gestas sino que fueron creados desde un principio como género independiente por algún desconocido poeta.

En el siglo XVI los poetas cultos empezaron a componer romances (el romancero nuevo) El gusto por estas composiciones bajó durante el siglo XVIII, pero se reavivó en el Romanticismo. En el siglo XX los autores contemporáneos más importantes (Unamuno, García Lorca, Alberti) también han escrito romances de gran altura poética.

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