EL GRECO (1541-1614)

Su nombre era Doménikos Theotokópoulos, pero como pintor fue conocido con el apelativo de El Greco. Era de origen griego y se supone que se formó como pintor en los talleres de artistas de su ciudad, Candía, especializados en la pintura de iconos. De ahí el bizantinismo que se puede detectar en sus primeras obras conocidas. Creta en esa época pertenecía a la Señoría de Venecia. Esta circunstancia determinó su traslado a esa ciudad. En Venecia trabajó en el taller de Tiziano y es probable que conociera a Tintoreto y otros artistas de la época.

Hacia 1570 viajó a Roma, donde es posible que conociera a Miguel Angel. En Italia era conocido por il Greco y con este nombre ha pasado a la historia. En sus cuadros italianos ya se puede observar la evolución que lo llevaría a un estilo muy personal en el que el primitivo estilo de los pintores de iconos se suma al extraordinario colorido y rica composición de escenas de los pintores italianos. Huida a Egipto, La curación del ciego; de los manieristas adoptó las formas alargadas y envolventes tan características de este autor. La piedad, Expulsión de los mercaderes del Templo Anunciación.

No sabemos la razón que empujó al artista a venir a España. Llegó con cierta fama como pintor y retratista y, tal vez, esperaba recibir buenos encargos en la corte de Felipe II.

En 1575 recibió el encargo de pintar un retablo en el altar mayor de la Iglesia de Santo Domingo el Antiguo, del que se conservan La ascensión de la Virgen, La Santísima Trinidad, La adoración de los pastores. En esas obras el estilo del greco alcanza gran plenitud. Entre 1575 y 1584 pintó su famoso El caballero de la mano en el pecho y El sueño de Felipe II que le supuso el encargo por parte del rey de un gran cuadro para El Escorial: El martirio de San Mauricio.

A partir de ese momento vive en Toledo. Allí vive hasta su muerte. En esta ciudad desarrolló una obra muy personal, de gran sentimiento religioso y de extraordinaria riqueza de colorido, con efectos luminosos sobre las figuras alargadas, flameantes, casi irreales en su exaltación mística. Destaca en este periodo El entierro del Conde Orgaz. Constituye un ejemplo de prodigioso equilibrio entre los efectos estáticos de su parte inferior, terrenal, y la sugestión de movimiento en la parte superior, celestial. Cabe destacar también la habilidad del pintor en la elaboración de retratos, en la serie de caballeros toledanos que contemplan el milagro. Otras obras magistrales son La Sagrada Familia, La adoración de los pastores, San Martín y el mendigo.

Hay que señalar que El Greco realizó en muchas ocasiones diversas versiones de los temas evangélicos o hagiográficos, entre las que cabe destacar las series de los Santos Evangelistas y, especialmente, la de los Doce Apóstoles.

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