MIGUEL DE CERVANTES (1547-1616)

Nació en Alcalá de Henares. Era hijo de un cirujano llamado Rodrigo y de Leonor de Cortinas. Durante su infancia siguió a su familia en sus desplazamiento a Valladolid, Córdoba, Sevilla y Madrid, ciudad en la que Cervantes estudió en el colegio dirigido por J. López de Hoyos (pedagogo de formación erasmista). Se piensa que pudo ser estudiante en la Universidad de Salamanca. En el libro que publicó su maestro en 1569 con motivo de la muerte de la reina Isabel de Valois aparecen ya algunos versos de Cervantes. Pasó a Italia el mismo año, así lo confirma el propio autor en la dedicatoria de La Galatea, para huir de la justicia española tras herir en duelo a Antonio de Sigura.

En 1571 participó en la batalla de Lepanto, en la que fue herido y cuyas secuelas inutilizaron su mano izquierda. En 1575 la galera en la que volvía a España fue apresada por corsarios argelinos, y permaneció cautivo en Argel durante cinco años. Su rescate y el regreso a su patria en 1580 cierran el período de su formación. Fracasa en sus deseos de recibir premio a sus servicios y se traslada un tiempo a Lisboa. Allí tuvo una hija natural Isabel, que viviría después con él y cuya conducta, unida a la de una de las dos hermanas del artista, amargó su vida.

Se casó con Catalina de Salazar en 1584. Vivió algún tiempo en Esquivias, pueblo de la Mancha de donde era originaria. Consiguió algunos empleos, como el de comisario de provisiones de la Armada Invencible, por ello se trasladó a Sevilla. En 1590 intentó, sin éxito, obtener un destino en América, y en 1594 recibió el encargo de cobrar en Granada ciertos atrasos que allí tenía la Hacienda. Se hizo responsable de unos fondos que entregó a un banquero sevillano y que éste dejó de ingresar debidamente. Por esto, fue llamado a la corte para que se justificase. No compareció y, entonces, fue destituido y encarcelado. Tras otro encarcelamiento en Sevilla (1602), se trasladó a Valladolid, en donde le ocurrió otro grave incidente que puso al descubierto la vida irregular de su hija y de su hermana. En sus últimos diez u once años, relativamente tranquilos, recibió del conde de Lemos y del arzobispo de Toledo una reducida ayuda económica. Pocos días antes de morir escribió la dedicatoria, al conde de Lemos, del Persiles. Del fracaso de su vida Cervantes supo extraer los materiales de una obra genial e imperecedera; conoció bien todos los aspectos de España, los sórdidos, los populares y los aristocráticos, y consiguió comunicar toda esa experiencia en un lenguaje que reúne sencillez y comprensión de todo lo humano.

En su producción literaria se unen la poesía, el teatro y la novela.

Poesía: inició su obra poética con las cuatro composiciones dedicadas a las Exequias de la reina Isabel de Valois y luego manifestó su talento en diversos poemas de circunstancias (Al túmulo del rey Felipe II, A la muerte de Fernando de Herrera). En todo caso, la mejor poesía cervantina es la que intercaló en sus obras narrativas (La Galatea, El Quijote).

Teatro: la Comedia del cerco de Numancia; se trata de una alegoría del patriotismo español y un ejemplo de imitación de la tragedia clásica por el aliento nacional y colectivo que en ella aparece.

Su producción teatral puede dividirse en dos épocas antes y después de la aparición de Lope de Vega. Las comedias más perfectas de Cervantes, como El rufián dichoso y Pedro de Urdemalas, se sitúan en ambientes picarescos. Otras comedias suyas son Los tratos de Argel, El gallardo español. Los entremeses al estilo de Lope de Rueda constituyen lo mejor de su producción dramática; así, El retablo de las maravillas, El viejo celoso.

Novela: en 1585, Cervantes publicó La Galatea, novela pastoril compuesta poco después de su regreso a España. Carece de unidad de acción y de fuerza realista, pero alcanza indiscutible belleza de estilo. Fue como un ejercicio de literatura intimista que sirvió de precedente a las páginas psicológicamente más trabajadas de El Quijote, publicado en 1605 y 1615. En 1613 publicó sus Novelas Ejemplares, colección de doce novelas cortas que pueden interpretarse como un comentario moral de la vida y en las que trasciende las apariencias mezquinas de la realidad y subraya con realismo los elementos que condicionan un idealismo excesivo. El celoso extremeño, El coloquio de perros, El licenciado Vidriera, etc.

En los últimos años de su vida escribió La historia de los trabajos de Persiles y Segismunda, obra que combina lo histórico con la fantasía moral y cierto sentimentalismo. En esta obra casi ha desaparecido el humor y se acentúa la preocupación moral y religiosa, la sucesión de aventuras y una estilización del lenguaje, muy literario.

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